En este negocio, he aprendido que cada propiedad cuenta una historia, pero son las personas las que realmente dan vida a esas historias.
Robert fue el primero en alojarse en mi propiedad, Un empresario disruptivo y descomplicado, de 70 años, disfrutando de Costa Rica y los placeres de Jaco, compartimos historias de vidas, cuando lo conocí, dudaba de Airbnb que me brindara mi huésped "modelo" acorde a mi alojamiento, pasamos horas juntos, no solo discutiendo estrategias de alquiler, sino compartiendo historias sobre su familia y las personas que han pasado en nuestra vida.
Al terminar, Robert no era solo huésped. Era socio, narrador, un amigo que comprendía que estábamos preservando más que los metros cuadrados y momento que quedan de vida.
Luego estaba Sully, un mujer que estaba visitando Costa Rica por primera vez, conectamos gracias a nuestra visión compartida de un viaje respetuoso con el medio ambiente y las comunidades locales.
No eran simples transacciones. Eran relaciones forjadas en la compleja combinación de confianza, innovación y pasión compartida.
Cada conexión me enseñó algo profundo: en el mundo de la hospitalidad, el éxito no se mide solo por las tasas de reserva, sino por las historias humanas que ayudamos a crear, los sueños que hacemos realidad y las conexiones que cultivamos.
Este negocio no se trata de habitaciones o alojamientos enteros. Se trata de posibilidades.
Pura vida y good vibes! ✌️