Hola a todos,
Quiero compartir una reflexión que me vino a la mente mientras organizaba mi mudanza. Entre las cosas que encontré, apareció una postal de un proyecto en el que trabajé hace algunos años en el Ministerio de Cultura de la Nación, en colaboración con la Secretaría de Derechos Humanos. Este proyecto promovía la idea de que migrar es un derecho, una convicción no solo presente en la Constitución de mi país, sino también un principio esencial para muchas sociedades moldeadas por el encuentro entre culturas diversas.
Creo que la migración, la cultura migrante y la hospitalidad son temas profundamente conectados que nos impactan de múltiples formas. Después de todo, somos anfitriones en una plataforma cuya premisa central es el sentido de pertenencia: la posibilidad de sentirse en casa en cualquier lugar del mundo. Pero, ¿qué significa realmente pertenecer? ¿Cómo influyen las migraciones en la construcción de culturas y en la forma en que recibimos a los demás?
Desde mi perspectiva, migrar no solo es un derecho, sino también una fuente de enriquecimiento cultural, social y económico.
- ¿Por qué creo que la migración es valiosa?
Porque cada persona que llega trae consigo saberes, historias, tradiciones y nuevas miradas. La diversidad alimenta la creatividad, la innovación y el dinamismo de las sociedades. Desde la gastronomía y la música hasta la arquitectura, el arte y la forma en que nos vinculamos, todo está atravesado por las influencias de quienes vinieron antes y de quienes están llegando hoy.
- ¿Por qué pienso que la migración beneficia a las sociedades?
Porque fortalece las economías, promueve redes de intercambio y ayuda a construir comunidades más resilientes. En muchos países, industrias enteras dependen del trabajo de personas migrantes. Pero más allá del impacto económico, creo que migrar nos hace más humanos, más abiertos y más conscientes de las realidades ajenas.
Como anfitriones, facilitamos experiencias que pueden dejar huellas duraderas en la vida de las personas. Recibimos viajeros de distintas partes del mundo y, a través de ese intercambio, tanto ellos como nosotros nos llevamos algo valioso. No sólo ofrecemos un lugar donde dormir: ofrecemos una puerta de entrada a nuestras culturas, a nuestras formas de vida y a nuestras historias.
También quise traer esta reflexión en relación con el apoyo a personas refugiadas o que, por distintas circunstancias, no tienen las mismas oportunidades que nosotros. Muchos de nosotros, de una forma u otra, hemos vivido lo que significa dejar un hogar atrás y construir uno nuevo en otro lugar. Me parece importante reconocer los privilegios que tenemos y entender cuál es nuestra posición en estas conversaciones.
No busco politizar el tema, sino abrir un espacio de intercambio. Entiendo que puede ser un tema sensible y que quizás algunas personas prefieren no compartir su mirada, lo cual está perfecto. Pero si alguien quiere aportar su perspectiva, me encantaría leerla para poder entender mejor dónde estamos parados y cómo podemos contribuir a esta discusión.
Comparto la postal que encontré, que fue diseñada originalmente para celebrar la cultura migrante.
Me pareció un buen punto de partida para la conversación.

Arturo Blas